Mi función es ayudarte a vivir sin dolor de espalda, reconectar con tu cuerpo y recuperar las ganas de moverte.
Durante años he trabajado con muchos pacientes con dolor. En distintos países, con personas de todas las edades y profesionales de toda condición. Les trataba con todo lo que me habían enseñado en la carrera y en cada formación que iba sumando: punción seca, terapia manual, acupuntura, máquinas infinitas…
Pero el resultado era casi siempre el mismo.
Eso me llevó a una crisis con mi profesión. Estaba al borde de dejarla.
Le di una última oportunidad y empecé a formarme de otra manera. Hice osteopatía, y ahí cambió todo. Entendí que el cuerpo no funciona por áreas separadas, sino como un sistema completo. Para tratar un dolor hay que entender el cuerpo entero y unir piezas que parecen aisladas: cómo se mueve, cómo respira, cómo se inflama, cómo responde su sistema nervioso, cómo vive la persona.
Todas esas formaciones y experiencias empezaron a cobrar forma. Así nació Espalda Antifrágil: un método pensado para adaptar la espalda al día a día, no para tapar síntomas con parches ni para evitar movimientos por si acaso.
He vivido y trabajado en muchos países distintos: Polonia, islas del Caribe y del Pacífico, Francia, Andorra y España. En cada uno de esos sitios he tenido la oportunidad de aprender maneras muy diferentes de trabajar y de entender el cuerpo.
Esa mezcla es la que me ha formado de verdad. No es lo mismo tratar el dolor lumbar de un deportista que necesita volver a competir, que el de alguien recién operado, que el de una persona que lleva veinte años resignada a convivir con molestias. Cada historia necesita un enfoque distinto — y eso solo se aprende viéndolo.
Hablo del cuerpo como un sistema porque yo misma lo he atravesado. Durante muchos años viví desconectada del mío: en la mente, en lo que tenía que hacer, en lo que se esperaba de mí. Sin escuchar lo que el cuerpo pedía.
Gracias a mi profesión, a años de formación y a un trabajo personal lo he conseguido reconectar. Esa habilidad —escucharlo, sentirlo, entender lo que pide— es lo que entrego en cada sesión y lo que está en el corazón del programa.
Desde pequeña sentí una conexión muy fuerte con la naturaleza y con el movimiento — y eso nunca se me ha ido.
Me gusta la vida activa, sencilla, con aire puro y calma. Esa conexión con el entorno natural ha marcado mi vida y me ha llevado a vivir en sitios muy distintos entre sí, pero siempre con un punto en común: la naturaleza cerca.
Por eso, cuando no estoy en consulta, casi seguro que estoy caminando entre árboles, escuchando el viento o sintiendo cómo el cuerpo se reorganiza solo cuando le das espacio.
Creo que lo sencillo suele ser lo más potente. Comer comida de verdad. Moverse cada día. Dormir bien. Estar presente. Conectar con la naturaleza — la de fuera, y la que llevamos dentro. Esa misma filosofía atraviesa cómo trabajo con quienes vienen a verme.
Puedes empezar por descargarte los 3 errores más comunes que mantienen el dolor de espalda. Es gratis y, si conectas, ya hablamos del siguiente paso.